mercredi 21 décembre 2011

NAVIDAD

Querida abuela, abuelita, abueli, mamita…:

Anoche, una vez más me rebosó el alma al recordarte.
Recordé las tantas fiestas navideñas que preparamos y pasamos a tu lado.
Recordé cómo deseaba con fuerza que llegaran esos días para recibir a los titos y primos.
Recordé cuando bajábamos unos días antes a comprar al supermercado “Gutierrez”.
Recordé cuán feliz era allí, acompañándote eligiendo esos productos.
Recordé como volvíamos a casa con las bolsas, cómo te cogía del brazo.
Recordé cómo respiraba tu perfume. Cómo de suaves eran tus manos. De fresquitas.
Recordé cómo te quiero y te quise.
Recordé cómo añadí un “que despiertes bien” a esa última frase de la noche… “que duermas bien” por miedo a que no despertases. Porque no, no imaginaba una vida sin ti.
Recordé cómo me cuidabas cuando estaba enferma. Cómo mis primeras crisis de asma se curaban con tus abrazos.
Recordé tus mejillas, ¡qué blanquitas y aterciopeladas!

Mi querida abuelita, mi otra madre, mi amiga, mi hermana, mi angelito,
Anoche una vez más me rebosó el alma al recordarte.
Al recordar las tantas navidades que vivimos juntas. Las misas a las que íbamos s el domingo. Lo feliz que era viendo esos programas de nochebuena mientras tú preparabas con tanta delicadeza la cena.
Recordé cómo te marchabas a escondidas a esa cocina horas más tardes dejándonos a todos a la mesa para llorar la ausencia de tu marido que en paz descanse.
Abueli, mi abuelita…

Anoche volví a recordarte y sonreí fuerte, pero me puse muy triste porque desde que el Alzheimer te alejó de mí, las navidades dejaron de ser las navidades para simplemente convertirse en unas fiestas más. Sí, me puse triste al añorar todos esos momentos, al verme ahora entre todos esos dulces que ahora ya no saben a nada sin ti al lado para escogerlos. A mí sólo me gustaban los turrolates ¿recuerdas? Pero con los años entendí que el más rico de todos eras tú.
Sí, me puse triste al añorarte, al cerrar los ojos y desear con fuerza estar en esos días contigo, y en silencio grité por qué, por qué dejaste de cantar villancicos, e imaginé todo cuanto ahora haría si de repente esto fuera sólo una pesadilla y al despertar tú estuvieras ahí, sentada a la mesa para brindar con nosotros, con esa tu sonrisa radiante, luminosa, mágica.

Abueli, no, las navidades ya no son navidades sin ti, tú eras mi arbolito, mi regalo, tu mirada era mi música, mi guirnalda, y sí, vuelvo a casa feliz pero no pude evitar ponerme triste ayer al recordarte.
Sí abuelita, me puse muy triste pero fue una tristeza endulzada, y mis lágrimas ahora son tan azucaradas como esos polvorones caseros que tú hacías o me comprabas ya hechos. Y la penita de mi alma es como un trocito de turrón Suchard, y es que abuelita recordarte, volver a esas fechas me llena de tanta luz, que de repente lloro muy fuerte pero brillo más que nunca abueli, sí, y te siento a mi lado, tus manos, tus ojitos, tus abrazos, las galletitas saladas que nos dabas antes de cenar para calmar el apetito. Y entonces abueli, entonces entiendo que sí, estoy triste, te añoro y nada es lo que fue, pero los recuerdos deslumbran tanto, el eco de esos días, de tu sonrisa es tan intenso, tan poderoso, que una felicidad me desborda por dentro, tanto que hasta casi me falta la respiración, como cuando asomas la cabeza por la ventanilla de un coche y sientes esa brisa fuerte invadirte.

Abuelita, mi abueli, anoche volví a recordarte y me puse triste, te eché de menos, pero tu recuerdo fue tan fuerte, tan tan fuerte, que ahora entre lágrimas dulces te sonrío porque sé que estás, que sigues, aquí, y que lo harás este sábado cuando vayamos a verte y aunque tengamos que acostarte tempranito tu sonrisa seguirá presente en la mesa, entre nosotros, y por eso a pesar de todo abueli, estoy segura de que lo pasaremos tan tan bien, y yo volveré a irme a dormir a la cama con una sensación mágica, como de haber cenado entre angelitos, y eso será porque tú habrás estado, porque siempre estuviste, porque nunca nos dejarás y es que sí, abuelita, anoche volví a recordarte, me puse muy triste, te añoré con todas mis fuerzas, pero mientras te lloraba sonreía, y mis lágrimas no eran lágrimas normales, sabían a turrón, a villancicos, a luz, a guirnalda, a amor, y sí, entonces confirmé una vez más abuelita que el amor intenso, fuerte, grande, dura eternamente y que los buenos momentos nunca terminan porque dejan eco, un eco más fuerte que el tiempo, que la vida.
TE QUEREMOS ABUELI Y ESTA NOCHEBUENA UNA VEZ MÁS NOS REUNIREMOS POR TI, CONTIGO, PORQUE NUESTRO ECO ETERNO ERES TÚ