Mañana me voy a Madrid. Una semana más y ya está. Se acabó todo. No ha sido fácil. Nunca nada es fácil cuando realmente se quiere hacer bien. Sólo ha sido un mes pero me he entregado en cuerpo y alma a todo cuanto he hecho. Creo que incluso hasta me arriesgaría a decir que me he entregado en 30 días tanto como a lo mejor lo hacen las personas durante un año. He terminado agotada, reprochándome como siempre el haber podido hacer estoy y aquello mucho mejor, pero he terminado, o al menos casi. Un par de impresiones y listo.
Estoy un poco nerviosa por los orales, pero creo que la felicidad por haber llegado hasta aquí es mucho mayor y me relaja bastante. Confío en mí. No en que lo haga perfecto, ni en que saque buena nota, ni en que tenga plaza. Pero confío en la motivación con que he hecho este trabajo. En el amor que le he puesto. En los buenos recuerdos de China que me han venido a la cabeza mientras lo hacía. En los buenos recuerdos de París, de Angers y de prácticamente toda una vida. Y es que es eso. Mi historia de amor con la cultura francesa se extiende a toda una vida.
Haciendo esto me he encontrado mucho a mí misma. He tomado mayor conciencia que nunca de mis defectos, de mi carácter impulsivo, y de tantas otras cosas que espero poder mejorar y mejorar con el tiempo. Y lo más importante, he echado de menos, y echar de menos es muy fácil, pero echar de menos constantemente no. Y me ha pasado con ciertas personas, y supongo que a veces es necesario poner orden entre esas caras de nuestra vida que creemos importantes para descubrir quién es realmente muy importante, medianamente importante o simplemente algo importante y actuar en consecuencia.
También he aprendido algo que no debería de olvidárseme ni a mí, ni a nadie. Y esto me hace pensar en un cuento que leí cuando era pequeña. Una chica marchaba en busca del final del arco iris porque le habían dicho que allí había un tesoro, y ¿sabéis lo que encontró al llegar a ese final? Su propia casa. Ese tesoro era su hogar, el que había abandonado un día. Y así es… uno se marcha. Porque sí, porque es necesario viajar, descubrir, conocer y porque, y eso creo que es lo que nos une mucho a los que estamos fuera, todos o casi todos huímos de algo, todos tenemos algún miedo, o vacío que no queremos afrontar y nos marchamos. Y nos sentimos libres lejos. Y regresamos y nos volvemos a marchar. Pero un buen día la vocecita de la verdad nos pide que regresemos del todo y sólo entonces nos damos cuenta de que sí, así es, ese tesoro es nuestro hogar, simplemente era necesario regresar con el corazón lleno de nuevas personas, de nuevas lecciones.
Simplemente era necesario el encontrarnos. Y eso que no se le olvide a nadie: antes de nada en esta vida la primera misión es encontrarse uno a sí mismo, conocerse, aceptarse, entenderse, quererse. Nada ni nadie funcionará sin antes cumplir eso. Ni el mejor trabajo del mundo, ni el mejor enamorado conseguirá hacernos felices del todo si antes no nos hemos encontrado. Y para eso hace falta mucho camino. Mucha paciencia. Muchas lágrimas, muchas despedidas y mucha humildad. Pero cuando se logra, se logra para siempre.
Y así es. Volví a casa. Regresé a mis miedos, mis tristezas, mi caja de pandora. Pero regresé cuando mi vocecita me lo pidió y ha funcionado. He sido feliz, y he entendido que este es mi tesoro. Y que no cambiaría nada del mundo por un abrazo materno, por un besito de abuela, o por los cuchicheos de mis vecinas cuando paseo por el barrio en minifalda, (jeje).
La cuestión está en que me voy a Madrid sonriendo, no dudo en que me temblarán las piernas un poquito antes de entrar a esa sala, ni en que perderé la voz, ni en que seré víctima de ese segundo tan horrible en que uno se pregunta qué diablos hace en un lugar y sólo quiere huír. Salir corriendo y desaparecer. Sé que eso pasará. Y también sé que me sentiré muy triste al ver que este año quizás mi esfuerzo no llegue al destino deseado. Eso también se me pasará y seguiremos hacia delante, navegando hasta que dentro de dos años volvamos a intentarlo. Pero todo esto que acabo de contaros… todo eso lo llevo aquí, dentro de mí, y sólo por eso ha merecido la pena vivir este mes y sobre todo sentirlo.
Y con estas palabras me despido. Preparo mi equipaje y me marcho a esa otra ciudad que no sé cómo, también ha logrado hacerme sentir como en mi hogar. Y es que, tengo la misteriosa sensación de haber vivido ya antes allí, hace tiempo, en otra vida, no sé, es curioso… A veces me pierdo sin querer y termino llegando a sitios que me recuerdan cosas que no logro identificar… como si alguna fuerza desconocida quisiera que llegara allí… en fin… no sé… a veces me pregunto si mi vida es realmente una vida y yo soy una humana más o si por el contrario el humano está ahí fuera escribiéndome y al final no soy más que un personaje ficticio que avanza en la trama de una novela de siglo XX. No sé… la cuestión está en que humana o personaje de ficción soy feliz y trato de hacer felices a los que me rodean, y eso es lo importante.
Millones de besos a todos y gracias por vuestro apoyo en este mes. Y perdón por mis ratos bordes, que en eso no me gana nadie.
Muak

Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire