samedi 10 juillet 2010

Cómo aprender idomas sin morir en el intento

Aprender un idioma no es fácil. Pero tampoco tan difícil o imposible como tantos creen. Requiere un gran esfuerzo, eso no podemos negarlo, pero pocas cosas nos hacen sentir tan satisfecho, tan útil, tan orgulloso de sí y tan feliz que el conseguir un día decir cuatro palabrejas en otra lengua y que nos entiendan. Así que creedeme,,, merece la pena esforzarse. Y ya sabéis que yo no me invento las cosas.

Lo primero que teneís que hacer es limpieza en vuestra mente. Se acabaron los “lo mío nunca fueron los idiomas”, “yo soy de ciencias”, “yo es que soy muy torpe”. Fin. Barremos todo eso y repitamos con firmeza “yo puedo hacer todo lo que me proponga”. Y así es. Nos pasamos la vida convenciéndonos de cosas que no podemos hacer. La gente ayuda mucho a eso. Los fracasos. Es inevitable. Pero un buen día hay que acabar con todo. Nada de ello es cierto. Es sólo fruto de unas cuantas malas experiencias que sólo seguirán siendo malas si seguimos pensando que serán malas. Somos energía. La vida es energía. No dejéis que la negativa os domine. Sonreíd. Sóis bien capaces de todo. Poco a poco. Con paciencia. Lo lograréis.

Lo segundo que tenéis que saber es que el ser humano tiene una gramática llamada “innata”. Es decir, que todas las personas de este mundo tienen un lugar en la mente preparado para aprender un idioma. Cuando somos pequeños escuchamos y repetimos y un buen día construímos frases, aunque nadie nos haya corregido demasiado o aunque aún no hayamos tenido ningún libro en nuestras manos. Eso sucede con nuestras lenguas maternas pero la gramática “innata” sigue ahí y lo hará siempre. Somos capaces de adquirir cualquier otro lenguaje que nos propongamos. Y eso lo dice la ciencia y también mi práctica. Yo no soy Einstein pero he vivido la maravillosa experiencia de enseñar idiomas a niños de 3 y 4 añitos. Pensé que sería una locura. Una pérdida de tiempo. Y aprendieron. Sin escribir, sin libros. Aprendieron. Vaya sí lo hicieron. Así que sí que somos capaces. Niños y no niños. Sólo tenemos que querer de verdad y olvidarnos de que no podemos.

Querer de verdad. Eso y dejar de ser negativos es lo más importante. Uno no puede enamorarse a propósito, ni de una persona, ni de un idioma. Pero el roce hace el querer. Y a veces, el conocer profundamente a alguien que nunca nos gustó nada, puede llegar al final a seducirnos. Pues para esto es igual. No os contentéis con conocer por fuera un idioma. Empapáos de su cultura. De su literatura. De personas que ya estén enamoradas de esa lengua. No os dareís cuenta, pero poco a poco algo pasará. Y llegará ese día en que las ganas por aprender aparezcan.
Y si sóis capaces de llegar hasta aquí, sólo puedo daros la enhorabuena, pues arrancar es lo más complicado. Lo que sigue es muy fácil. Mandarín, Francés, Inglés, Árabe,,, da igual… si habéis llegado a este punto podréis aprender lo que os dé la gana. Sólo tenéis que seguir recordando lo que os ha traído hasta aquí, sobre todo en momentos de bajón. Y tener en cuenta las siguientes cosas:

-No se puede ser bilingüe en dos días. El aprendizaje de un idioma es un camino muy largo. Hay que ir dando pequeños pasitos, sin mirar lo lejos que está la meta. Y además, quién dijo que la meta es hablar el inglés de Shakespeare o el francés de Voltaire. La meta es cada día. Los pequeños esfuerzos y pequeños logros que hagáis. Eso es la meta.
-Despacio. Más vale avanzar poquito a poco y de forma segura que rápido y mal. Y eso ha de servirnos para todo. Y cuando por fin creamos haber aprendido bien algo volveremos a equivocarnos y a cometer errores de principiante. Es normal. Avanzar es retroceder. Es necesario que eso pase. Lo raro sería que no sucediese. Los errores son algo muy natural y en realidad no son errores. Cuando un niño y no tan niño dice “andé” en lugar de “anduve” no está haciendo un error. Debería de ser así. Simplemente está respetando las normas que desafortunadamente no siempre se cumplen. No temáis al error. Es importante equivocarse. Que nadie os juzgue por ello. Y el que lo haga será quien se esté equivocando de verdad. Y cuando seáis conscientes de un error, tratad de tomar conciencia de él. Poquito a poco lo iréis superando. Pero id por partes. Concentráos en uno una temporada y en otro otra. Querer corregir demasiadas cosas a la vez es sinónimo de volverse loco.

-Hablad. Da igual si está mejor o peor dicho. Si os miran con cara de no haber entendido nada. Acostumbráos a dejar atrás las verguenzas y a practicar siempre las cuatro palabrillas que sepáis, aunque sólo sean cuatro. Y no os desaniméis cuando os miren con cara de “What?” o cuando ni os miren. Y a aquellos que ser rían, que les den. Seguro que hay un millón de cosas que vosotros hacéis mejor que ellos. Y el que se ríe de otro es una mala persona. Y las malas personas son malas personas porque no son felices. Así que que, que no os desanimen. Esta etapa es una fase por la que hay que pasar. Tranquilos, parece interminable pero un buen día se marchará. Llegará ese momento en que hagáis una pregunta y os respondan lo que deben. Mientras, no toméis rencor a nadie. A veces la gente tiene prisa y en todos los países no se es tan sociable como en España. No os desaniméis. No es vuestra culpa. No sóis torpes. Todos hemos sido víctimas alguna vez de esas caras de veinte duros que nos ponen. Pero no dejéis de practicar. Pase lo que pase. Más vale conocer 8 palabras que vayamos a utilizar que 30 que no nos sirvan para nada. Para eso ponéos a aprender latín o griego antiguo. Pero aquí estamos hablando de lenguas vivas que como bien dice el adjetivo son vivas. Y sólo viven cuando son pronunciadas.

-¡Escribir! Menuda putada. Para qué diablos tendremos que escribir. Con lo bien que hablamos y lo “mal que se nos da” escribir. A ver, tened cuidado, está claro que lo importante hoy en día es hablar. Pero que a nadie se le olvide que la escritura y el millón de normas que van con ella son el esqueleto de una lengua. Y por mucho que nos quejemos, la belleza de una lengua y lo que la hace distinta de todas las demás es la norma. Así que ánimo, poquito a poco, lo conseguiréis. Pero no lo dejéis para el final. Escribid desde el primer momento. Lo que hayáis aprendido. A base de frasecitas por día terminaréis creando textos. Y ojito con las lenguas latinas. Hay que tener en la cabeza un montón de cosas. Yo siempre digo que escribir y sobre todo lenguas latinas es un poco como un problema de mates. Tenéis que repasarlo una y mil veces. Y aunque creáis que todo está bien seguid buscando, siempre habrá algún errorcito escondido. Construid oraciones simples. Sujeto verbo y complemento y el complemento si no hace de veras falta tampoco. Yo sé que tenemos mucho que contar. Sobre todo cuando nos vamos sintiendo seguros. Pero cada cosa en su momento. Ya llegará el día en que escribamos nuestras vidas. Por ahora contentámonos con decir cositas simples. Y repasemos cada frase como si fuera la única. Los sujetos… que si es sólo una persona el verbo esté en singular… Nada de “Yo comemos”… y los adjetivos también… y si es un chico no me lo convirtáis en niña… Atención al “Ella es guapos” y todas esos pequeños detalles que siempre se nos pasan. Podemos evitarlos. Podemos. Sólo hace falta REVISAR y tener cuidado. Con prisas y a lo loco no se hace nada bien.

-Lo último que considero importante es pediros que aprendáis con estrategias. Da igual si me tengo que inventar una historia ridícula para recordar los verbos más importantes que por ejemplo en francés llevan “à” después y con los que diré “lui” y no “le”. Inventáos historias, tened mucha imaginación. Las pequeñas tonterías os servirán de mucho a la hora de memorizar. Por ejemplo… en francés existen dos palabras que se escriben casi igual. La única diferencia es el acento: “tache” que significa mancha y “tâche” que significa tarea, deberes. Menuda telita con la palabra, no me habré equivocado veces, y anda que de mancha a tarea no cambia la cosa. Pues un buen día se me ocurrió pensar que una tarea es como un castigo, es lo que le mandas a los niños cuando no se comportan bien y ese castigo podría ser el acento circunflejo. Es una estupidez, pero desde entonces no he vuelto a equivocarme. Lo único que pasa es que lo que funciona con una persona parece una tontería para otra. Así que lo mejor es que cada uno cree sus propias estrategias.

Los dibujos también son muy importantes. Supongo que el de los verbos que en francés se conjugan en pasado con “être” que tenéis aquí abajo será ya más que famoso entre vosotros. Pero por si acaso… creo que ha sido lo mejor que se ha inventado. Dichoso pasado en francés con “être” y “avoir”. Si es que estos “gabachos”… jejejej hasta para eso tenían que ser complicados.



Bueno, me quedan un millón de consejos por dar aún, pero me estoy alargando demasiado. Así que creo que para empezar, con todo esto tendréis. Me gustaría terminar diciendoos que yo siempre odié la lengua francesa. Me negaba a aprender. No la soportaba. Y fui torpe pero torpe cuando empecé a aprender. Cuando iba en verano a Francia se reía de mí todo el mundo. Estuve a punto de tirar la toalla muchas veces. Y hoy… sé que me queda mucho por mejorar pero he logrado conocer a muchas personas especiales a través de este idioma. Algunas de ellas hasta cambiaron mi vida positivamente en muchos aspectos. Es un idioma que me ha salvado en muchos momentos. Incluso en China. Una vez que estaba muy perdida en un lugar donde el inglés no funcionaba, encontré por suerte a un chaval que sabía hablar francés. Para que veías lo que es la vida. Y enseñar este idioma es hoy una de las cosas más bonitas que ha podido pasarme. Así que ya véis… nunca se ha de abandonar… a algún lugar nos llevará el aprender un idioma… a algún lugar… No sé si lograré animaros con esto. Así lo espero. Y tambien espero que estos consejos los apliquéis (yo la primera) en todo cuanto hagamos en esta vida. Sobre todo los de ser positivos y tener paciencia.

Estas palabras las dedico especialmente a mis antiguos de español que tantas veces estuvieron a punto de tirar la toalla y que hoy entienden estas letras, ¿véis como debíais de continuar?. También las dedico a mis amigos los que dicen “ser torpes”, para convencerlos de que no lo son. El ser humano sólo es torpe cuando logra convencerse de que así es. Mientras tanto es capaz de todo.
Un millón de besos y buen finde.


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