Queridos amig@s del mundo, como todos sabéis actualmente ando preparando oposiciones para Escuela de Idiomas. No simplemente es muy difícil poder lograr algo pues el número de plazas es realmente mínimo sino y sobre todo, fue solamente en marzo y en China, cuando mi vocecita interior me anunció que los nuevos proyectos serían regresar a España y tratar de aprobar esas oposiciones... y ¡Claro! si ya es complicado para una persona que se prepara desde hace tiempo, para mí, imagináos... he estado bastante motivada porque realmente me encanta el trabajo de profesora de idiomas (cuando realmente se quiere aprender), siento que es mi vocación, soy feliz transmitiendo la lengua y culturas francesas, sonrío mientras lo hago. Sentirse realizado, amar lo que uno hace, es realmente una de las cosas más lindas que puedan sucedernos en esta vida, así que, aunque soy bastante realista, estudio contenta, disfruto aprendiendo cosas nuevas y repasando antiguas. Pero... como siempre... el pequeño diablito de la desmotivación aparece. Esta mañana me he despertado triste, sin ganas, he empezado a pensar en el número límite de plazas y sobre todo en los comentarios de la gente, y en la enorme energía negativa que transmiten y que uno va absorbiendo poco a poco hasta volverse pesimista... Una horrible sensación de perder el tiempo me ha dominado y ha conseguido que guarde los apuntes, cierre la puerta de un portazo y me diga: "no voy a hacerlo, no soy capaz". Pero entonces... mientras desayunaba, me ha venido a la cabeza un cuento del gran escritor Jorge Bucay, hombre al que sin duda admiro, y gracias a ello he vuelto a sonreír. He recuperado la energía que tanto me caracteriza y me he puesto a estudiar con más motivación que nunca. Y bueno, ya me conocéis, nací generosa y así moriré, no puedo vivir sin compartir, así que, aunque imagino que muchos de entre vosotros quizás conozcáis ya este relato, o no tengáis ni pizca de gana de leer, aquí os lo dejo, por si acaso os pica la curiosidad, para que lo disfrutéis y sobre todo para que nunca se os olvide en esos momentos en que estéis a punto de tirar la toalla. Ánimo y buen día a todo el mundo.
"Los niños estaban solos"
Su madre se habia marchado por la mañana temprano y los habia dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos.Desde que el padre habia muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.Cuando el novio de la jovencita llamo para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudo demasiado. Despues de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde y no se despertarian hasta las cinco.Apenas escucho la bocina cogió su bolso y descolgó el telefono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no queria arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque despues de todo tenia solo seis años y en un descuido podia tropezar y lastimarse. Ademas, pensó, si eso sucediera, ¿como le explicaria a su madre que el niño no la habia encontrado?Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido o alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa en el hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rapidamente alcanzo la escalera de madera que conducia a los dormitorios.La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho salto de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.De todos modos, si lo hubiera conseguido, el y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.Pancho grito llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Asi que corrio al telefono que habia en el cuarto (el sabia como marcar el numero de su mama) pero no habia linea.Pancho se dió cuenta que debia sacar a su hermanito de alli. Intento abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aun debia soltar la malla de alambre que sus padres habian instalado como proteccion.Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo:"¿Como pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?¿Como pudo cargar al bebe en la mochila?¿Como pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el arbol?¿Como pudo salvar su vida y la de su hermano?"El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:-Panchito estaba solo... No tenia a nadie que le dijera que no iba a poder.
(Jorge Bucay, Cuentos para pensar)
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